Quién soy. Más de quince años dirigiendo megaproyectos de millones de dólares en una de las diez constructoras más grandes del Perú: carreteras, puentes, canales, túneles. Después arriesgué mi propio capital y sufrí la cancha desde el otro lado. Estuve en los dos mundos: sé cómo estructuran los que mueven millones y sé cómo se sufre en un negocio propio.
Para quién es. Empresarios que ya facturan y son los mejores técnicos de su rubro (dentista, arquitecto, dueño de clínica, restaurante, boutique, constructora, doctor), pero donde todo pasa por ellos: son el estratega, el de los procesos y, muchas veces, el mejor vendedor de su propia empresa. No es para quien recién arranca y todavía no factura.
El problema. El síndrome del técnico: crees que saber hacer el trabajo es lo mismo que gestionar el negocio que lo hace. Sin infraestructura ni procesos terminas absorbido por el día a día. Debajo vive una frase, "nadie lo hace como yo", que no es ego sino desconfianza hacia tu propia gente porque nunca les diste un proceso al cual confiar. Eso es una jaula de oro: un negocio que solo factura si tú estás presente no es una empresa, es un autoempleo caro.
El mecanismo (4 fases). El mismo orden con el que entraba a un área de un megaproyecto: no avanzo a la siguiente hasta que la anterior funciona sin mí.
La prueba (en la cancha, no en un PowerPoint). Un cliente era el mejor vendedor de su empresa y tenía pánico de soltar; pasamos las cuatro fases y hoy su equipo cierra bajo el mismo proceso, con el mismo resultado, mientras él recuperó su tiempo y el negocio sigue facturando. El fundador de una revista era su único vendedor: en ocho sesiones de dos horas le armé el equipo comercial que creía imposible delegar.
El siguiente paso. Yo elijo con quién trabajo. Si ya facturas y estás listo para dejar de manejar un Frankenstein operativo, escríbeme la palabra ESTRUCTURA por mensaje directo y analizamos tu cancha. Te vas con una lectura clara de qué está frenando tu crecimiento, trabajemos juntos o no.